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Parroquia Nuestra Señora de Lourdes

DOMINGOS

  • De Octubre a Julio…

19:30 h – Eucaristía / 20:30 h – Oración

  • De Julio a Octubre…

20:00 h – Eucaristía / 21:00 h – Oración

El primer domingo de cada mes (día de Cáritas), tras la oración tenemos un momento de encuentro y convivencia.

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Abraham, padre en la fe y en la esperanza

XXXII Domingo T.O. – 11 Noviembre 2018

«Mira al cielo, y cuenta las estrellas» (Gn 15, 1-6)

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Incluso cuando no hay esperanza, yo espero.

Abraham era anciano —tenia casi cien años— y su mujer era estéril. Pero lo dijo Dios, y él creyó. Se pone en camino. Esa es la capacidad de ir más allá de la sabiduría y de la prudencia del mundo, más allá de lo que normalmente es considerado de sentido común, para creer en lo imposible. La esperanza abre nuevos horizontes, hace capaz de soñar aquello que ni siquiera es imaginable.

La esperanza hace entrar en la oscuridad de un futuro incierto para caminar en la luz. Es bonita la virtud de la esperanza; nos da tanta fuerza para caminar en la vida… Pero es un camino difícil. Y llegó el momento de la crisis del desaliento. .

Abraham se lamenta. Ya es una forma de fe este lamentarse suyo, es una oración. Se dirige a Dios para que le ayude a seguir esperando. La escena se desarrolla de noche, está oscuro afuera, pero también en el corazón de Abraham está la oscuridad de la desilusión, del desánimo, de la dificultad para continuar esperando en algo imposible.

«Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas…». Dios saca afuera de la carpa a Abraham, afuera de sus visiones restringidas, y le muestra las estrellas. Para creer, es necesario saber ver con los ojos de la fe; son solo estrellas, que todos podemos ver, pero para Abraham deben convertirse en el signo de la fidelidad de Dios.

Sí, también a nosotros nos queda como única posibilidad la de mirar a las estrellas, entonces es tiempo de confiar en Dios. No hay cosa más bonita. La esperanza no defrauda.

Salmo

Lectura: Del libro del Génesis (Gn 15, 1-6)

… el Señor dirigió a Abrán, en una visión, la siguiente palabra: «No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante».

Abrán contestó: «Señor Dios, ¿qué me vas a dar si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi casa?». Abrán añadió: «No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará».

Pero el Señor le dirigió esta palabra: «No te heredará ese, sino que uno salido de tus entrañas será tu heredero». Luego lo sacó afuera y le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas». Y añadió: «Así será tu descendencia».

Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia.

Peticiones

  • Te pedimos por quienes han perdido la esperanza o se sienten débiles en el camino; renueva en ellos la fortaleza para perseverar en el seguimiento.

  • Te pedimos por las familias, para que unidas en el amor y la fe, podamos vivir con confianza todas las situaciones de la vida.

  • Te pedimos por la Iglesia, para que no deje de anunciar con palabras y obras el Evangelio.

  • Te pedimos por el Papa, los obispos, sacerdotes y religiosos, para que con su vida sean vivo testimonio de la esperanza a la que tú llamas a toda la humanidad.

  • Te pedimos por los gobernantes, para que promuevan la paz y la justicia, la participación ciudadana y el desarrollo integral de sus comunidades.

  • Te pedimos por todos nosotros, para que seamos arcilla en las manos del Alfarero y más auténticos discípulos.

Oración final

De la tristeza a la esperanza

XXXI Domingo T.O. – 4 Nov 2018

«Ni muerte ni vida podrá separarnos del amor de Dios» ( Rm 8, 38-39 )

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El recuerdo de los difuntos mezcla la tristeza con la esperanza. Un cementerio es triste, nos recuerda a nuestros seres queridos que se han marchado, nos recuerda también el futuro, la muerte; pero en esta tristeza, nosotros llevamos flores, como un signo de esperanza.

Y quien recorrió en primer lugar este camino es Jesús. Nosotros también tenemos que recorrer el camino que hizo Él. Antes o después, pero todos. Con dolor, más o menos dolor, pero todos. Y quien nos abrió la puerta es Él mismo, es Jesús: con su Cruz nos abrió la puerta de la esperanza.

Oramos hoy con la memoria del pasado, de nuestros seres queridos que se han marchado, y con la memoria del futuro, del camino que nosotros recorreremos. Con esa certeza que salió de los labios de Jesús: «Yo te resucitaré el último día».

(Papa Francisco)

Salmo70

A tí, Señor, me acojo…

 

De la Carta a los Romanos (Rm 8, 38-39)

¿Quién nos separará del amor de Cristo?

¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?,

¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?

En todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado.

Ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro,

ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura

podrá separarnos del amor de Dios

manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Peticiones

  • Recordamos hoy a nuestros hermanos, familiares y amigos que han partido de este mundo, y también a los difuntos que nadie recuerda.

  • Por quienes sufren en el cuerpo o en el espíritu, por los enfermos, por los tristes, por los encarcelados, por quienes están solos, por lo que no consiguen trabajo, para que nunca se crean abandonados de Dios y no les falte una mano que les ayude y les consuele.

  • Por todos los que nos hemos reunido aquí, para que no dejemos solos y abandonados a nuestros seres queridos cuando más nos necesitan, sobre todo en la enfermedad.

  • El Papa Francisco pide rezar este mes por la paz, “para que el lenguaje del corazón y del diálogo prevalezca siempre sobre el lenguaje de las armas”.

  • Para que hoy, día de Cáritas, compartamos nuestros bienes y nuestro pan con los más necesitados, y seamos prolongación de las manos de Jesús al que tanto le duelen sus hijos más pequeños.

 

Oración

Dios de infinita misericordia,
confiamos a tu inmensa bondad
a cuantos han dejado este mundo para la eternidad.

No mires, Señor,
tantas pobrezas, miserias y debilidades humanas.
Míranos con la mirada piadosa
que nace de la ternura de tu corazón.

Te confiamos, Señor, las almas de nuestros seres queridos.
Que nadie tenga el temor de encontrarte
después de la peregrinación terrenal,
en la esperanza de ser acogidos
en los brazos de la infinita misericordia.

Que la hermana muerte
nos encuentre vigilantes en la oración
y llenos de todo bien,
recogido en nuestra breve o larga existencia.

Señor, que nada nos aleje de ti en esta tierra,
sino que en todo nos sostengas
en el ardiente deseo de reposar serena y eternamente.
Amen.

(Papa Francisco)

Los santos, testigos y compañeros de esperanza

Todos los Santos – 1 Nov. 2018

«Bienaventurados» ( Mt 5, 1-12 )

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El día de nuestro bautismo resonó para nosotros la invocación de los santos. Era la primera vez que nos era regalada esta compañía de “hermanos mayores”, la carta a los Hebreos define esta compañía como “gran nube de testigos”. Así son los santos: una multitud de testigos. Se les invoca nuevamente en el sacramento del matrimonio y del orden sacerdotal.

Pero podríamos preguntarnos ¿Se puede ser santo en la vida de todos los días? Sí, se puede. Es el gran regalo que cada uno de nosotros puede ofrecer al mundo.

Que el Señor nos dé la gracia de creer tan profundamente en Él como para convertirnos en imagen de Cristo para este mundo. Hombres y mujeres que viven aceptando también una porción de sufrimiento porque se hacen cargo de la fatiga de los demás, pero sin los cuales el mundo no tendría esperanza.

Por ello pidamos que el Señor nos done la esperanza de ser santos.

Salmo

Del Evangelio de San Mateo (Mt 5, 1-12)

Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».

Peticiones

  • Oremos al Señor para que nos haga ser sus testigos en este mundo.

  • Te rogamos Señor por todas las personas que de forma anónima trabajan por la construcción del reino de Dios, para que nunca les falte la fuerza del Espíritu.

  • Te rogamos por los que no aspiran a la santidad, porque están desesperanzados, asqueados de este mundo o creen que no se puede hacer nada por cambiar.

  • Para que veamos que la santidad consiste en cargar con la cruz de los demás, los humildes, enfermos, abandonados, encarcelados, refugiados, ancianos… todos los que necesitan ver el rostro de Cristo.

  • Oremos para que, en los momentos de oscuridad, sepamos que tenemos todo un paraíso a nuestras espaldas, ya que la gracia de Dios no faltará porque Jesús es siempre fiel.

Oración

Peregrinos del reino celeste,

hoy, con nuestras plegarias y cantos,

invocamos a todos los santos

revestidos de cándida veste.

Sólo a Dios en la tierra buscaron,

y de todos hermanos se hicieron.

Porque a todos sus brazos se abrieron,

éstos son los que a Dios encontraron.

Animosos, sigamos sus huellas,

nuestro barro será transformado

hasta verse con Cristo elevado

junto a Dios en su cielo de estrellas.

(Bernardo  Velado Graña)

Dichosos los que mueren en el Señor

XXX Domingo T.O. – 28 Oct 2018

«No temas, basta que tengas fe» ( Mc 5, 36 )

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«Niña, ¡levántate!»

¡Cómo deseamos escuchar estas palabras, con la seguridad de que se van a realizar! Las pronunció Jesús, el único que tiene esa autoridad. Lo buscamos en el silencio de la oración, quizás no lo oímos, pero ¿qué será necesario para que le obedezcamos y lo manifestemos en la simple alegría serena?

Puede ser que estemos dormidos, sentados y cansados esperando “algo” que nos haga continuar, en un estado anímico por el que pasamos muchos, y que los demás definen como un “estar muerto en vida”.

Nos dice el Papa Francisco, hablando de Abraham, padre de la fe:

“Nuestra esperanza no se sostiene en razonamientos, previsiones y garantías humanas; se manifiesta allí donde no hay nada más en lo que esperar. Él tuvo esperanza contra toda esperanza, porque la gran esperanza está enraizada en la fe y, precisamente por esto, es capaz de ir más allá. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino sobre la palabra de Dios. ¡Abre el corazón a la fe y Él hará el resto!”.

Salmo

Del Evangelio de San Marcos (Mc 5, 36)

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

… llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». Jesús le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe»… y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida». …entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). La niña se levantó inmediatamente y echó a andar.

Peticiones

  • Espíritu de Dios, te damos gracias por tus dones. Necesitamos que aumentes nuestra fe, esperanza y su expresión en el amor.

  • Que María nos siga inspirando en su fidelidad a Dios. Enséñanos la virtud de la espera, incluso cuando todo parezca sin sentido.

  • Jesús, Tú estás con todos, incluso con los que no tienen conciencia de tu presencia. Te pedimos por los que aún no te conocen.

  • Cristo resucitado, Tú pones en nuestros corazones el deseo de tu reino, Tú nos llamas a compartir los frutos de la tierra y del trabajo; en tus manos ponemos toda nuestra vida.

  • Padre, en tantos desastres naturales, te suplicamos por los que han perdido todo. Te pedimos por aquellos que abandonan sus tierras con esperanza de mejorar. Te pedimos por el sistema social, por nuestros dirigentes, para una mayor solidaridad humana.

  • Por las familias, para que tu Luz ilumine cada uno de los rincones de sus hogares y tu presencia les ayude a caminar entre las dificultades cotidianas. Por todos nosotros para que tu Luz nos haga ver con claridad tu voluntad y tu Espíritu nos ayude en el cotidiano caminar.

Oración

Jornada Mundial Evangelización de los Pueblos

XXIX Domingo T.O. – 21 Oct 2018

«Hemos sido salvados en esperanza» ( Rm 8, 24 )

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La campaña anual de la Iglesia misionera que hoy celebramos nos propone cambiar el mundo por contagio.

Son muchos los que dejándolo todo llevan ese contagio a las extremas periferias del mundo llenas de sufrimiento y desesperanza. Hoy los tenemos presentes para enviarles apoyo material y espiritual junto con nuestra oración.

El Papa Francisco nos recuerda que todos somos enviados a la periferia mas desolada de la humanidad y necesitada de Cristo, esa periferia que nos rodea en nuestros pueblos y ciudades y que vive la indiferencia hacia la fe o su rechazo.

El cambio que se nos pide nace de un corazón donde ha entrado Dios. Desde un corazón que ama se vence el egoísmo, se deja de pensar en las necesidades propias y se comienza a pensar en las necesidades de los demás.

Todos estamos llamados a una profunda conversión para ser verdaderos discípulos capaces de “contagiar” y de “cambiar el mundo”.

Salmo 111 : 

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.

De la Carta a los Romanos (Rm 8, 18-26)

…considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; …sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto. Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.

Pues hemos sido salvados en esperanza. Y una esperanza que se ve, no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a esperar uno algo que ve? Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros.

Peticiones

  • Padre, te rogamos por todos los que, dejándolo todo, te siguieron a lugares de misión. Para que su trabajo evangelizador sea un verdadero contagio de amor, de fe y de esperanza.

  • Te rogamos Señor por los jóvenes. Para que no tengan miedo de conocer, amar y difundir el mensaje de Jesús y de entregarse generosamente al servicio de los hermanos más desfavorecidos.

  • Señor, te rogamos hoy especialmente por todos nuestros hermanos misioneros que viven en países en conflictos o con dificultades. Que encuentren la ayuda necesaria para realizar su labor.

  • Padre, te pedimos por la Iglesia para que siempre encuentre la forma de apoyar y facilitar la labor de evangelización salvando todas las dificultades.

  • Por las parroquias, asociaciones, movimientos y comunidades religiosas, para que encuentren en el voluntariado una forma para servir a los “más pequeños”, promover la dignidad humana y testimoniar la alegría de amar y de ser cristianos.

  • Señor, te rogamos por todos nosotros. Ayúdanos a avanzar en una verdadera conversión. Haz que vivamos tu amor y seamos capaces de trasmitirlo creando una sociedad más justa y más humana.

Oración

Señor, ayúdame a cambiar para cambiar el mundo. Necesito renovar el corazón, la mirada, mis modos de hacer, para no terminar en un museo. Y no es solo renovar lo viejo: es permitir que el Espíritu Santo cree algo nuevo.
Señor, vacíame de mis esquemas para hacer sitio a tu Espíritu y dejar que sea Él quien haga nuevas todas las cosas.
Él nos envía, nos acompaña, nos inspira; Él es el autor de la misión, y no quiero domesticarlo ni enjaularlo.
Haz que no tenga miedo de la novedad que viene de Ti, Señor Crucificado y Resucitado. Que mi misión sea comunicar tu vida, tu misericordia, tu santidad. Enséñame a amar como Tú para cambiar el mundo. Amén.

Alegres en la esperanza – Sta. Teresa de Jesús

XXVIII Domingo T.O. – 14 Oct 2018

«Que la esperanza os tenga alegres» (Rm 12, 9-15)

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En medio del ajetreo, las prisas y el estrés, el humor y la capacidad de reírnos de nosotros mismos constituyen un respiro de aire fresco con el cual afrontar las tribulaciones de la vida diaria y más aún, de darles una chispa de alegría. Santa Teresa tenía esto muy claro y no reparaba en reírse de sí misma ante sus propias limitaciones: “algunas veces me río y conozco mis miserias”.

El Papa Juan Pablo I, describía a Santa Teresa como una mujer que “sabe sonreír, reír y hacer reír.” Una sonrisa a tiempo puede transformar la percepción de cualquier situación adversa. Imitemos el ejemplo de esta santa y procuremos llevar y compartir una vida alegre.

Sí, todos tenemos momentos en que sentimos tristeza por no poder cambiar alguna situación que nos aqueja. Es normal caer en estos estados de ánimo alguna vez, lo que no es normal es permanecer en ellos, algo que cada vez ocurre con más frecuencia. Ante estas situaciones vale tener presente aquellas hermosas palabras de Santa Teresa:


“Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza
quien a Dios tiene nada le falta
solo Dios basta”.

Salmo 99: Aclama al Señor, tierra entera

De la Carta a los Romanos (Rm 12, 9-15)

Que vuestro amor no sea fingido; aborreciendo lo malo, apegaos a lo bueno. Amaos cordialmente unos a otros; que cada cual estime a los otros más que a sí mismo; en la actividad, no seáis negligentes; en el espíritu, manteneos fervorosos, sirviendo constantemente al Señor.

Que la esperanza os tenga alegres; manteneos firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración; compartid las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen… Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran.

Peticiones

  • Padre celestial te pedimos por esta gran familia universal que Tú creaste y el tiempo la va desintegrando. Cuida de nosotros y mantennos unidos.

  • Por la unidad de las iglesias y los cristianos para que sigamos el ejemplo de vida que nos presenta nuestro Papa Francisco.

  • Te pedimos por la reconciliación de las familias donde existen desavenencias entre, esposos, hijos, hermanos y parientes cercanos para que se restablezca la paz entre ellos.

  • Señor haz que mantengamos nuestro espíritu solidario y tengamos siempre presente a los indigentes, los sin techos, los emigrantes, a todos los que le falta el calor de una familia.

  • Por todos aquellos que desde su realidad como creyentes están trabajando por el bien, la justicia y la paz, para que sus esfuerzos se vean cada día más enriquecidos por el espíritu profético que Dios dona a todos.

  • Señor te pedimos que nos des un espíritu de sencillez y voluntarioso, para aceptar los obstáculos que la vida nos impone, y podamos decir como Santa Teresa: no nos turbemos, no nos espantemos, porque sabiendo que tú estás ahí, nada malo nos puede ocurrir.

Oración de esperanza – Papa Francisco

Señor Jesús, nuestra mirada está dirigida a ti, llena de esperanza. Ante ti se enciende la chispa de la esperanza para que sepamos que tu única medida de amarnos es la de amarnos sin medida.

La esperanza de que tu mensaje continúe inspirando que solo el bien puede derrotar el mal y la maldad, sólo el perdón puede derrotar el rencor y la venganza, sólo el abrazo fraterno puede dispersar la hostilidad y el miedo del otro.

La esperanza de que el amor divino acaricie los corazones de tantos jóvenes y se conviertan en ejemplos vivos de caridad y de gratuidad en este mundo devorado por la lógica del beneficio y de la ganancia fácil.

La esperanza de que tantos misioneros continúen hoy desafiando la adormecida conciencia de la humanidad arriesgando sus vidas para servirte en los pobres, en los descartados, en los inmigrantes, en los invisibles, en los explotados, en los hambrientos, en los encarcelados.

La esperanza de que tu Iglesia siga siendo una luz que ilumine, anime, alivie y testimonie tu amor ilimitado por la humanidad, un modelo de altruismo, un arca de salvación y una fuente de certeza y de verdad.

La esperanza de que de tu cruz surja la Resurrección, transformando las tinieblas de la tumba en el resplandor del alba, enseñándonos que tu amor es nuestra esperanza.

Señor Jesús, ¡danos siempre la gracia de la santa esperanza!

María, Madre de la esperanza

XXVII Domingo T.O. – 7 Oct 2018

«Todos ellos perseveraban en la oración»

(Hch 1, 9-14)

María aparece en los Evangelios como una mujer silenciosa que medita cada palabra y acontecimiento en su corazón. María reaparece precisamente al pie de la cruz. Ella “estaba” allí, fielmente presente. Y la volvemos a encontrar en el primer día de la Iglesia. Ella, madre de esperanza, también estaba en medio de esa comunidad de discípulos tan frágiles en la primera Iglesia envuelta por la luz de la Resurrección.

María nos mira como Madre de la esperanza: con ternura, con misericordia, con amor. Así ha mirado a su hijo Jesús en todos los momentos de su vida, gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos, como contemplamos los Misterios del Santo Rosario, simplemente con amor.

Cuando estemos cansados, desanimados, abrumados por los problemas, volvámonos a María, y sintamos su mirada que dice a nuestro corazón: “¡Ánimo, hijo, que yo te sostengo!”

(Papa Francisco)

Salmo 99:    Aclama al Señor tierra entera

De los Hechos de los Apóstoles (Hch 1, 9-14)

Y a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Entonces se volvieron a Jerusalén, … Cuando llegaron, subieron a la sala superior, donde se alojaban: Pedro y Juan y Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el Zelotes y Judas el de Santiago.

Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Peticiones

  • Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades y líbranos de todo peligro.

  • Madre del silencio, que custodia el misterio de Dios, líbranos de la idolatría del presente a la que se condena quien olvida.

  • Madre, purifícanos los ojos con el colirio de la memoria y volvamos a la lozanía de los orígenes de una Iglesia orante y penitente, y descubramos la alegría de una Iglesia humilde y fraterna.

  • Madre de la belleza, que florece en la fidelidad al trabajo cotidiano, despiértanos del sopor de la pereza, de la mezquindad y del derrotismo.

  • Madre de la ternura, que envuelve de paciencia y de misericordia, ayúdanos a quemar tristezas, impaciencias y rigidez, para que sean ágiles nuestras manos, nuestros pies y nuestro corazón, y edifiquemos la Iglesia con la verdad en la caridad.

  • Por todas las personas que, en todo tipo de tareas, dedican su tiempo y sus esfuerzos al servicio de los más necesitados. Que no sucumban nunca al desaliento y sigan su trabajo por el camino de la sencillez y la acogida.

Oración final

¡Madre, ayuda nuestra fe!

Abre nuestro oído a la Palabra,

para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.

Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos,

saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.

 

Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor,

para que podamos tocarlo en la fe.

Ayúdanos a fiarnos plenamente de Él, a creer en su amor,

sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz,

cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.

Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.

Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.

 

Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús,

para que Él sea luz en nuestro camino.

Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros,

hasta que llegue el día sin ocaso,

que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Papa Francisco: “Oración a María, Madre de la Iglesia y Madre de nuestra fe”.

(Lumen fidei )