Destacado

Parroquia Nuestra Señora de Lourdes

DOMINGOS

  • De Octubre a Julio…

19:30 h – Eucaristía / 20:30 h – Oración

  • De Julio a Octubre…

20:00 h – Eucaristía / 21:00 h – Oración

El primer domingo de cada mes (día de Cáritas), tras la oración tenemos un momento de encuentro y convivencia.

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Oración por la unidad de los cristianos

II Dom. T.O. –  20 Enero 2019

«Actúa siempre con toda justicia»

(Deuteronomio 16, 11-20)

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Nos unimos esta tarde a la Oración por la Unidad entre Cristianos, que no sólo preocupa a teólogos y líderes de las Iglesias. Más que nunca, para poder avanzar hacia la unidad, todos nosotros, cada uno, podemos comprometernos a “vivir como personas reconciliadas” en nuestra existencia diaria y trabajar por un acercamiento que nos envía hacia los otros, aquellos que son distintos, no para oponernos a ellos ni para criticarlos sino para conocerles y descubrir los tesoros del Evangelio en los que cimentan sus vidas.

Todos estamos en este viaje hacia la reconciliación, protestantes, católicos griegos, Iglesias de Oriente, nuestros hermanos ortodoxos, que comparten los tesoros de su fe y sus tradiciones.

Cristo nos reúne en torno a Él y ese es el mejor estímulo para resistir a la desesperación y a los avatares diarios. Mientras que a veces entre el Este y el Oeste o entre el Norte y el Sur los malentendidos pueden reinar y mantener abiertas las divisiones e incluso llevar a conflictos, los cristianos occidentales y orientales, juntos, podemos ser sal de la Tierra y fermentos de paz, actuando siempre con toda justicia.

Lectura: Deuteronomio 16,16-20

Tres veces al año se presentarán todos los varones al Señor, tu Dios, en el lugar que él elija: por la fiesta de los Ácimos, por la fiesta de las Semanas y por la fiesta de las Tiendas. Y no se presentarán al Señor con las manos vacías. Cada uno ofrecerá su don, según la bendición que te haya dado el Señor, tu Dios.

Nombrarás jueces y magistrados por tribus, en todas las ciudades que el Señor, tu Dios, te dé, que juzguen al pueblo con la debida justicia. No violarás el derecho, no harás acepción de personas ni aceptarás soborno, porque el soborno ciega los ojos de los sabios y trastorna las palabras de los justos. Actúa siempre con toda justicia, para que vivas y tomes posesión de la tierra que te va a dar el Señor, tu Dios.

Salmo 27: El Señor es mi luz, mi salvación

Peticiones

  • Señor Jesús, te pedimos por la paz, paz en nuestros entornos, en nuestras familias, por nuestra paz interior.

  • Señor Jesús, te pedimos especialmente por la comunidad de Taizé, signo concreto de reconciliación entre cristianos divididos y pueblos separados, donde la bondad del corazón y la simplicidad están en el centro de todo.

  • Señor Jesús, te pedimos por los enfermos; que encuentren en tu Palabra consuelo y esperanza.

  • Señor Jesús, concédenos valentía para que podamos superar culturas y estructuras que nos impiden reconocer la presencia de Dios, Padre bueno, en cada uno de nosotros.

  • Señor Jesús, te pedimos por todas las víctimas de la guerra, la violencia y el abuso; que los cristianos sepamos responder a tu llamada y ser las voces de paz y de justicia allí donde Tú nos colocas.

  • Señor Jesús, sólo Tú puedes guiarnos en el verdadero camino hacia la unidad. Danos fuerza para continuar trabajando por la unidad de tu pueblo y concédenos la energía y la imaginación necesarias para hacer frente a las divisiones.

Oración final

Bautismo del Señor

Domingo 13 Enero 2019

«Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»

(Lc 3, 15-16.21-22)

Monición

Nuestro bautismo es el gesto por medio del cual Cristo coloca su brazo alrededor de nuestro hombro. Morimos con él a una existencia marcada por la falsa suficiencia y por el aislamiento, para entrar a una vida nueva, una vida de comunión.

En compañía de Jesús oímos al Padre pronunciar sobre nosotros estas palabras: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco.»

Siendo hijos e hijas, podemos continuar en nuestra vida la misión que fue la de Jesús: dar testimonio de la venida del Reino de Dios que hace irrupción en nuestro mundo y lo transforma desde dentro. Nuestro bautismo abre una brecha donde Dios puede volverse presente, a través de nosotros.

Salmo 28El Señor bendice a su pueblo con la paz

Lectura: Del Evangelio de San Lucas

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego».

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

Peticiones

  • Te pedimos por los que atraviesan dificultades y desánimos en sus vidas, para que tú seas su luz y esperanza.

  • Hijo del Dios vivo, tú conoces nuestras pruebas y nuestra pobreza: concédenos vivir en tu amor.

  • Padre, te pedimos por los que son perseguidos a causa de tu nombre, por todos los que buscan la justicia.

  • Para que seamos solidarios y compartamos nuestros bienes y nuestro tiempo con los demás, especialmente con los más desfavorecidos de la tierra.

  • Para que los cristianos no cesemos de ir al encuentro de todos, y seamos fermento de reconciliación en la familia humana.

  • Por los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, que siguiendo el ejemplo de María respondan a la llamada del Señor para comunicar la alegría del Evangelio al mundo, y les dé fuerzas para soñar y trabajar por la paz.

Oración final

Epifanía del Señor

Dom. 6 Enero 2019

«Seguimos su estrella»

Mt 2, 1-12

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Nos encontramos ante un relato desconcertante, al darse tres reacciones totalmente diferentes ante el mismo hecho: La de las personas que buscan y se dejan guiar por una pequeña luz, los que permanecen indiferentes y quien sólo ve peligro.

Los magos viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca la verdad. Creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador y, rápidamente, se ponen en camino sin conocer el itinerario, pero con la esperanza de encontrar la Luz para el mundo.

Los sacerdotes y escribas son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad, viven sordos a la llamada de Dios. Herodes sólo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo.

Los magos no se arrodillan ante Herodes, no entran en el templo, sólo ven al “niño con María, su madre” y es suficiente para despertar en ellos la adoración. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo ven los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a los que buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

 

Salmo 71

Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra

 

Lectura: Del Evangelio de Mateo (2, 1-12)

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:

«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Peticiones

  • Señor, te pedimos que la Iglesia siempre esté abierta a la escucha de tu palabra y no le ciegue su seguridad religiosa.

  • Para que nunca veamos como un peligro a aquellas personas que te buscan y no son conformistas.

  • Te rogamos para que estemos siempre atentos a esas pequeñas luces que nos pones en nuestro camino, como pistas para llegar a ti.

  • Te pedimos Señor que siempre estemos abiertos al Misterio y busquemos de corazón la verdad.

  • Señor que te veamos siempre en el pobre, el humilde, el que esté desahuciado, marginado, solo, enfermo o en la cárcel.

  • Por los jóvenes, especialmente los de América Latina, para que, siguiendo el ejemplo de María, respondan al llamado del Señor para comunicar la alegría del Evangelio al mundo (Intención de oración del Papa Francisco – Enero)

Oración final

Oración por la Paz

1 Enero 2019

Sta. María Madre de Dios – Jornada Mundial por la Paz

(Números 6, 22-27)

2018.11.06 Jornada Mundial de la Paz 2019

 

Celebramos hoy la Jornada Mundial de la Paz con el lema“La buena política está al servicio de la paz”. Nos recuerda el Papa Francisco que no hay paz sin una confianza mutua, y la primera condición para que haya confianza ha se ser el respeto por la palabra dada.

Jesús nos dice: «Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa». La “casa” es cada familia, cada comunidad, cada país, cada continente, con sus características propias y con su historia; es sobre todo cada persona, sin distinción ni discriminación. También es nuestra “casa común”: el planeta en el que Dios nos ha colocado para vivir y al que estamos llamados a cuidar con interés.

María, a la que hoy festejamos como la Madre de Dios, tuvo la Paz del corazón para acoger su maternidad y, en ella, al Mismo Dios que quiso hacerse uno de nosotros. El deseo de la paz está siempre en el espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo Salvador y Reina de la Paz, canta en nombre de todos los hombres.

¡PAZ A ESTA CASA Y FELIZ AÑO NUEVO!

Que la gracia y la paz de Dios nos acompañe a lo largo de todo el año que hoy comenzamos.

 

Salmo 66

Que Dios tenga piedad nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros.

 

Lectura: Del libro de los Números (6, 22-27)

El Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos, ésta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El Señor te muestre tu rostro y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».

Peticiones

  • Señor, que este año sea para todos nosotros un tiempo de gracia, de paz y de alegría, para que podamos afrontar el futuro con esperanza y vivamos en tu amor.

  • Padre misericordioso, mira con bondad a tus hijos forzados a dejar sus patrias en busca de horizontes de esperanza. Ayúdalos a recuperar la paz que han perdido, a rehacer el hogar que han debido abandonar.

  • Padre bueno, ilumina las tinieblas de quienes son esclavos del odio y la violencia, y la confusión de quienes los siguen sin saber lo que hacen.

  • Padre justo, inspira las decisiones correctas en los que ejercen el poder en las naciones, la mirada justa y solidaria para vencer la indiferencia.

  • Padre nuestro, enséñanos a buscar y reconocer tu verdad, a esperar contra toda esperanza, a amar sin reservas. Despierta en quienes vivimos en paz una conciencia viva del dolor ajeno, un sentido de misericordia, solidario y eficaz.

  • Señor, bendice a los enfermos, a los presos, a los tristes y afligidos, a todos los que tienen que llevar pesadas cargas en la vida. Dales esperanza. Haz que tu pueblo les muestre tu solidaridad y tu amor.

 

Oración del Papa Francisco por la paz

Señor, danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Abre nuestros ojos y nuestros corazones, y danos la valentía para decir: «¡Nunca más la guerra!»; «con la guerra, todo queda destruido». Infúndenos el valor de llevar a cabo gestos concretos para construir la paz.

Señor, Dios de Abraham y los Profetas, Dios-Amor que nos has creado y nos llamas a vivir como hermanos, danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; danos la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino.

Haznos disponibles para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón. Mantén encendida en nosotros la llama de la esperanza para tomar con paciente perseverancia opciones de diálogo y reconciliación, para que finalmente triunfe la paz.

Y que sean desterradas del corazón de todo hombre estas palabras: división, odio, guerra. Señor, desarma la lengua y las manos, renueva los corazones y las mentes, para que la palabra que nos lleva al encuentro sea siempre «hermano», y el estilo de nuestra vida se convierta en SHALOM, PAZ, SALAM.

Amén.

La Sagrada Familia

La Sagrada Familia – 30 Dic. 2018

(Lc 2, 41-52)

Todos los años, la familia de Jesús va a la celebración de la Pascua. Los tres son celosos de su fe, aunque cada miembro tenga un papel: José silencioso cuidador, María quiere información y guardarla en su corazón, Jesús aun siendo niño expresa su vocación al Padre-Dios.

El Papa Francisco nos dice:

“Una gran alegría de la familia es el crecimiento de los hijos, todos lo sabemos. Estos están destinados a desarrollarse y fortalecerse, a adquirir sabiduría y a acoger la gracia de Dios, precisamente como sucedió a Jesús. Ésta es la misión a la que está orientada la familia: crear las condiciones favorables para el crecimiento armónico y pleno de los hijos, con el fin de que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo.

No hay situación familiar que esté excluida del camino nuevo de renacimiento y de resurrección. Y cada vez que las familias, también las heridas y marcadas por la fragilidad, fracasos y dificultades, vuelven a la fuente de la experiencia cristiana se abren caminos nuevos y posibilidades inimaginables.

Todos formamos parte de una gran cadena de familias, que viene desde el inicio de los tiempos. Nuestras familias son tesoros vivos de memoria, con los hijos que a su vez se convierten en padres y luego en abuelos. De ellos recibimos la identidad, los valores y la fe.”

Salmo de alabanza (95)

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra; cantad al Señor, bendecid su nombre.

Del evangelio de Lucas (2, 41-52)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua. Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

– Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Él les contestó:

– ¿Por qué me buscabais? ¿No sabiáis que yo debía estar en la casa de mi Padre?

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Peticiones

  • Oremos por el Encuentro de Jóvenes en Madrid. para que el Señor oriente y fortalezca “sus talentos, su energía, su fuerza para mejorar el mundo y hacer que toda persona pueda encontrar su lugar en el seno de la gran familia humana”.

  • Que el ejemplo de María, cuyo su amor está lleno de audacia y está orientado al don de sí, nos estimule a vivir concretamente esta caridad que empuja a amar a Dios sobre todas las cosas y a las personas con las cuales compartimos la vida cotidiana.

  • Perdona nuestros errores del año que acaba y que el año nuevo nos lo llenes de oportunidades para reparar , para compartir, para recuperar, para amar en alegría y fraternidad.

  • Por la Iglesia, familia de Dios, para que siga defendiendo el respeto a la vida, la fidelidad al amor, y la unión, respeto y perdón en cada familia.

  • Para que todas las madres, a ejemplo de María, se entreguen con amor total a sus hijos educándolos en los valores humanos y cristianos. Para que haya padres como José, laborioso, sacrificado y servidor de Dios; padres que preparan a sus hijos a ser adultos libres y responsables.

  • Por los hijos, para que, conforme crecen, amen a sus padres y les sean agradecidos; por los abuelos, para que se sientan amados en en el atardecer de su vida.

  • Por las parejas que viven como extraños, para que se descubran unos a otros con paciencia, perdón y confianza mutua, y vivan el amor generoso y entregado para ser felices.

  • Por las mujeres y niños víctimas de la violencia doméstica, para que reciban todo el apoyo y cariño que necesitan para superar tanto drama y dolor, y se acaben para siempre los comportamientos de desprecio, odio y muerte.

Oración del Padre Nuestro

Oración de Navidad

Jesús, hijo de María, Hijo de Dios.

La Luz de Navidad me ha llegado

como llegó a los pastores y a los magos de Oriente.

En Belén, en tu carne tan débil, está todo el amor de Dios.

En tu carne está aquel amor, aquella ternura,

aquella esperanza confiada que solo Dios es capaz de dar.

Mirándote acostado en el pesebre,

acompañado del amor de María y José,

quiero poner en tus manos mis ilusiones y mis temores.

Y quiero poner en tus manos el mundo entero:

a quienes más quiero, a quienes no conozco,

a los de cerca y a los de lejos; y, sobre todo, a los que sufren.

Jesús, Hijo de Dios, ilumínanos con la claridad de tu amor,

ilumina al mundo entero con la claridad de tu amor. Amén

Taizé – 41º Encuentro Europeo de Jóvenes: Madrid

«No olvidar la hospitalidad»

 

Mensaje del Papa Francisco

Queridos jóvenes:

Habéis llegado en gran número, desde toda Europa y también desde otros continentes, para vivir en Madrid el 41º encuentro organizado y animado por la Comunidad de Taizé, y estáis invitados a «no olvidar la hospitalidad». Este es el tema que guiará vuestras reflexiones, iluminará vuestra oración y que retomaréis en los encuentros internacionales en Taizé, en Beirut o en Ciudad del Cabo. En este camino, el Papa Francisco quiere aseguraros su gran cercanía espiritual. Y, tras la reciente asamblea del Sínodo de los Obispos en Roma sobre «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», quiere deciros nuevamente que, con toda la Iglesia, confía en vosotros. El Santo Padre también quiere daros las gracias por haber elegido participar en esta reunión, por abrir la puerta de vuestro corazón al Señor y a su Palabra, para hacer visible y acrecentar una cultura del encuentro, acogiéndoos unos a otros en el respeto a vuestras diferencias.

El Papa os alienta a «[…] no perder nunca el gusto de disfrutar del encuentro, de la amistad, el gusto de soñar juntos, de caminar con los demás. [Porque] los cristianos auténticos no tienen miedo de abrirse a los demás, compartir su espacio vital transformándolo en espacio de fraternidad.» (Mensaje para la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud, 25 de marzo de 2018). Por lo tanto, os invita a hacer sitio al Señor en vuestras vidas y a descubrir que, gracias a la amistad con Jesús, es posible vivir una hospitalidad generosa, es posible aprender a enriquecerse con las diferencias de los demás y es posible hacer fructificar los propios talentos para convertirse en puentes entre las iglesias, las religiones y los pueblos.

El Papa también le pide al Espíritu Santo que os ayude, jóvenes protestantes, católicos y ortodoxos, a crecer en la confianza en Dios que os recibe y os ama tal y como sois, y que os llama a acoger la diferencia como un camino de comunión.

Que el ejemplo de María, cuyo «amor está lleno de audacia y completamente proyectado hacia el don de sí misma», os estimule a vivir «de manera concreta la caridad que nos urge a amar a Dios más allá de todo y de nosotros mismos, a amar a las personas con quienes compartimos la vida diaria» (Ibid.). Con un corazón lleno de esperanza, el Santo Padre os alienta, con la gracia de Dios, a acoger y asistir a vuestros hermanos y hermanas mayores en la fe, a utilizar vuestros talentos, vuestra energía y vuestra fuerza para mejorar el mundo y conseguir que cada persona pueda encontrar su lugar en la gran familia humana. Él cuenta con vosotros y con vuestro entusiasmo para afrontar el desafío de la hospitalidad, especialmente para acercaros a esta humanidad herida y a aquellas y aquellos que son apartados, rechazados o excluidos, ¡a los pequeños y pobres!

Confiándoos al Señor para que, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, podáis acogerlo y permitirle que os llene con su alegría, el Santo Padre os bendice de corazón, a vosotros los jóvenes que participáis en este encuentro, a los hermanos de Taizé, así como a todos aquellos que, en Madrid, os abren sus puertas y os acogen.

Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad

Las claves del cardenal Osoro y el hermano Alois para rezar:

silencio, escucha, constancia y la Palabra de Dios

 

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Para rezar hacen falta «silencio y escucha», «constancia», acudir a la Palabra de Dios y entender que «tenemos una luz interior», que es el Señor, que nos acompaña a pesar de nuestras distracciones y faltas. Así lo han transmitido este sábado, 29 de diciembre, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, y el prior de la Comunidad de Taizé, el hermano Alois, a los centenares de jóvenes que abarrotaban la catedral de Santa María la Real de la Almudena durante un taller del Encuentro Europeo de Jóvenes.

Ambos han insistido en la importancia de cuidar la oración tanto individual como en comunidad, aunque a veces no se obtengan respuestas, porque el Señor «sorprende» cuando uno menos lo espera, y acercarse a Él sabiendo que, como ha recordado el hermano Alois, «no dice: “Cambia y ven a Mí”, sino “ven a Mí para cambiar”».

El cardenal Osoro ha animado a los jóvenes, procedentes de toda Europa y de distintas confesiones cristianas, a saborear «la oración que salió de los labios de Jesús: el padrenuestro». «Somos hijos de Dios –ha aseverado– y hermanos de todos los hombres» y eso cambia la manera de estar en el mundo.

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En esta línea, el prior de la comunidad ecuménica los ha alentado a acudir a la Eucaristía del domingo en sus parroquias, a pesar de que a veces les pueda dar pereza, y quedarse «con al menos una idea» de lo que dice el sacerdote. «Si no conseguís quedaros con nada, acercaos a una señora mayor al final y pedidle que rece por vosotros esa semana. Habréis hecho a una persona feliz. Bueno, a dos, porque vosotros también sentiréis alegría», ha asegurado. Luego los ha invitado también a que recen de manera sencilla por el Papa Francisco.

En el turno de preguntas han surgido cuestiones como el matrimonio, en el que Dios se hace muy presente, o el papel de la música, cuya belleza lleva a «la Belleza en mayúsculas» –ha resaltado el cardenal Osoro– y que es algo que remueve el corazón y a la vez se experimenta comunitariamente –en palabras del hermano Alois–.

Todos los presentes, entre los que se encontraban el arobispo de Urgel, monseñor Joan-Enric Vives; el obispo de Huelva, monseñor José Vilaplana; el obispo de Teruel-Albarracín, monseñor Antonio Gómez Cantero, y el obispo auxiliar de Madrid monseñor José Cobo, así como varios hermanos de Taizé, han terminado rezando juntos el padrenuestro cada uno es su lengua materna.

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Continúa el Encuentro Europeo de Jóvenes

Desde este jueves, 28 de diciembre, hasta el próximo martes, 1 de enero, cerca de 15.000 jóvenes de diversas confesiones cristianas lanzan desde Madrid un mensaje de confianza en «un tiempo de incertidumbre». Junto a la celebración de diversos talleres como el que ha acogido este sábado la catedral, se están celebrando momentos de oración en 170 parroquias de la diócesis, a los que se añaden las oraciones conjuntas de la tarde en Ifema.

Meditaciones del Hermano Alois

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Lunes tarde, 31 de diciembre de 2018

Estamos ya al final de nuestro encuentro. Esta noche, celebraremos la llegada del nuevo año. Y tendréis en vuestras comunidades de acogida una oración por la paz.

En demasiados lugares del mundo, la paz está amenazada. Oremos por la paz y por la justicia, porque no existen una sin otra. No aceptemos situaciones de injusticia, ni cerca ni lejos de nosotros. Pero esforcémonos por luchar con un corazón reconciliado. No agreguemos odio a la violencia.

La experiencia de comunión que hemos vivido estos días nos estimula y nos anima a asumir compromisos concretos por la paz. Cada uno de nosotros deberá encontrar cómo hacerlo. Muchos de vosotros ya estáis comprometidos en iniciativas de solidaridad. Querría indicar brevemente tres desafíos que me parecen importantes.

El primero, reducir la brecha entre ricos y pobres. ¿Podríamos, en pequeños grupos en nuestras Iglesias, estar más atentos a situaciones de pobreza? Incluso con muy pocos medios, con casi nada, es posible comenzar, por ejemplo, con visitas que alivien el aislamiento de una persona sin hogar, de una persona anciana que vive sola, de un niño abandonado.

Un segundo desafío urgente es sin duda la acogida de los migrantes y refugiados. Apoyemos las iniciativas locales e internacionales que buscan brindarles más seguridad y justicia. La seguridad de algunos no puede garantizarse en detrimento de la de otros. El miedo ante este fenómeno, de una nueva magnitud para Europa, es comprensible. Pero una cosa es segura: no habrá soluciones sin relaciones personales con aquellos que buscan refugio o un futuro mejor en otros países.

Y este tercer camino: la paz entre los seres humanos requiere solidaridad con la creación. Nuestro maravilloso planeta está amenazado por la sobreexplotación de sus recursos, las diferentes formas de contaminación y la pérdida de la biodiversidad. Y esto lleva a injusticias y violencias entre los seres humanos. Todos podemos dar pasos concretos para responder a este desafío.

Estos tres compromisos, entre otros posibles, constituyen mucho más que un imperativo moral. Asumiéndolos con seriedad, consagrándonos a ellos, nuestra propia vida puede encontrar un sentido.

Una última observación. Acabo de pedir que, en nuestros compromisos, luchemos con un corazón reconciliado. Esto supone que vayamos a la fuente de la reconciliación. Esta fuente no es una idea, es una persona, es Cristo. Nos da su paz. Sin la paz interior que de él recibimos, la tentación del desaliento y de la amargura puede volverse demasiado fuerte.

Cerca de esta fuente estamos a solas con Jesús. Pero necesitamos también personas que nos muestren el camino hacia la fuente. Hay en la Iglesia mujeres y hombres, no solo sacerdotes y pastores, que están dispuestos a escucharos. Pueden comprender, sin juzgaros, lo que estáis viviendo, incluso en lo más íntimo de vuestro corazón. Buscad cerca de vosotros una de estas personas de confianza que os acompañe durante algún tramo del camino.

Para todos nosotros, la peregrinación de confianza continuará de inmediato, ya en el viaje de regreso a casa.

Aquí en Madrid, podréis continuar en las parroquias, viviendo este impulso de generosidad que habéis mostrado al acogernos. Habrá también una oración con vuestro arzobispo, cada primer viernes de mes, para los jóvenes, en la catedral.

Nosotros, los hermanos, nos detendremos en dos lugares en nuestro camino de regreso a Taizé. El 2 de enero estaremos en Ávila para celebrar una oración del mediodía. Y el 3 de enero estaremos en Barcelona, para una oración en la iglesia de Santa María del Mar, a las 20h.

Son, para nosotros, dos lugares donde ir a la fuente. Teresa de Ávila nos alienta a avanzar, en nuestra vida de comunidad, de comienzo en comienzo. Y en Barcelona hemos sido varias veces acogidos tan calurosamente. Quizá algunos de vosotros podáis aún modificar vuestros viajes de regreso y uniros a nosotros, bien en Ávila, bien en Barcelona.

A todos vosotros, ¡buen viaje de regreso a casa! ¡Y no olvidemos la hospitalidad!

Domingo tarde, 30 de diciembre de 2018

«¡No olvidemos la hospitalidad!» – Esta es la invitación en la que estamos profundizando estos días. Reflexionamos juntos, compartimos nuestras ideas, pero sobre todo vivimos la experiencia de la hospitalidad. A las familias, a las parroquias y a las comunidades religiosas que han abierto sus puertas, al arzobispo cardenal Osoro y a los distintos representantes de Iglesias, a la señora Carmena, alcaldesa de Madrid, y a las autoridades civiles, a todos queremos expresarles nuestra gratitud por la cálida acogida que hemos encontrado aquí en Madrid.

Palabras del cardenal Osoro:

«Salgamos de nosotros mismos y caminemos por todas las periferias para encontrarnos con todos»

Queridos participantes del Encuentro Europeo de Jóvenes de Taizé

Os mando un saludo lleno de afecto, alegría y esperanza a todos los jóvenes que, desde distintas partes de Europa, habéis llegado a Madrid convocados a la Peregrinación de Confianza. En la fraternidad y comunión de Cristo Resucitado, traslado mi agradecimiento, a la Comunidad de Taizé.

Hermano Alois y queridos hermanos : os doy las gracias con las palabras que Cristo dirigió al Padre: «Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla».

Como pastor de la Iglesia que camina en Madrid, en este tiempo de Navidad en que hacemos la Peregrinación de Confianza, quiero hacer una llamada a la alegría. Sí, a la alegría de acompañar a Jesús. Él se ha bajado a acompañarnos e ilumina nuestro camino. No seamos hombres y mujeres tristes: nuestra alegría nace, como la de los pastores y los Magos de Oriente, de haber encontrado a Jesús y de experimentar que está entre nosotros.

Jóvenes de toda Europa, puestos en manos del Señor, tengamos un corazón grande para compartir las propias riquezas espirituales, intelectuales y materiales, y pongámoslas en acto en esta Peregrinación de Confianza: abramos la puerta de nuestra existencia al Espíritu y dejemos que Él nos guíe. Europa necesita jóvenes que arriesguen la vida por Cristo y en nombre de Cristo, con esa arma que destruye lo que nos separa, todo egoísmo y toda incapacidad para reconocer que el otro es mi hermano.

Al reunirnos en esta peregrinación, sabemos cuál es la principal contribución que podemos hacer a Europa. Somos la Iglesia que quiere ponerse a vivir el Evangelio y dar testimonio de Él, como sal y levadura del Reino de Dios, testigos del amor fraterno, de la solidaridad y del compartir. Salgamos de nosotros mismos y caminemos por todas las periferias para encontrarnos con todos, pues somos imágenes de Dios, hijos de Dios y, por ello, hermanos.

Peregrinar y caminar es un arte. Para hacerlo bien, hay que mirar el horizonte con los ojos de Jesús, caminar con los pies de Jesús hacia todos los caminos y dar la mano a todos los hombres. Os invito a los jóvenes de Europa a hacerlo juntos con el corazón grande, la mirada atenta, las manos abiertas y los pies caminando para encontrarnos con los demás, de la misma manera que lo hace Jesús.

Al final de la oración:

Nosotros, los hermanos de Taizé, esperamos mucho de este encuentro europeo en Madrid. Nuestro deseo ardiente es que despierte esperanza. Enfrentados a las grandes dificultades y desafíos de nuestro tiempo, algunos se ven amenazados por el desánimo y la desilusión. La experiencia de compartir y de comunión que vivimos estos días puede alentarnos a mirar hacia el futuro con esperanza.

Es una verdadera peregrinación de confianza lo que estamos llevando a cabo. Tejer lazos, tender puentes sobre lo que divide, esto es lo que necesitan nuestras sociedades. Una sociedad no puede sobrevivir si no existe confianza entre las personas que la constituyen. La confianza permite el diálogo acerca de lo que divide. La confianza puede llevar hasta a respetar e incluso apreciar las particularidades del otro.

Somos todos parte de la misma familia humana. Más que nunca, nos necesitamos unos a otros. Tantas cuestiones – pensemos por ejemplo en los enormes desafíos ecológicos – solo pueden resolverse si trabajamos juntos, más allá de las fronteras.

Por supuesto, la experiencia de comunión que vivimos estos días es de corta duración. Pero es real. Nos muestra que la confianza es posible entre las personas más diversas. Y vemos que la Iglesia puede ser un lugar que permita que crezca esta confianza.

Sí, la Iglesia está llamada a ser un lugar de amistad, de una amistad cada vez más amplia. Estos días, nos es dado captar una imagen de la universalidad de la Iglesia. Y esto nos permite presentir que los cristianos pueden promover una globalización con rostro humano – y que se trata incluso de una responsabilidad que les incumbe especialmente.

Comencemos pues con lo que esté a nuestro alcance. Busquemos cómo nuestras comunidades locales pueden abrirse más. Vayamos hacia los que son diferentes: los más pobres cerca de nosotros, los migrantes, los cristianos de otras confesiones, los creyentes de otras religiones, aquellos que no pueden creer.

La atención a las solidaridades humanas es inseparable de la vida interior. Como creyentes, busquemos cómo renovar nuestra oración, practiquemos estar atentos al amor de Dios, en nuestros días y en nuestras noches. Esto nos hace capaces de acercarnos a los que son diferentes.

Para vivir esta apertura, se trata ante todo de escuchar a los demás. ¿Nuestros diálogos, tanto en la sociedad como en la Iglesia, no se resienten acaso por falta de escucha? Tratemos de empezar por comprender al otro, comprender situaciones a menudo complejas.

En octubre, me invitaron a Roma para participar en el Sínodo de los Obispos católicos sobre los jóvenes. Allí se expresó repetidamente un deseo: que vosotros, los jóvenes, pudierais encontrar en la Iglesia una escucha. Que vuestros sueños fueran tomados en serio, que vuestra creatividad fuera apoyada, que vuestro sufrimiento fuera escuchado.

Querríamos hacer todo lo posible para que la solidaridad e incluso la amistad marcaran el futuro de nuestras sociedades. Es con este espíritu con el que vamos a continuar nuestra peregrinación de confianza a través de la tierra.

Los encuentros en Taizé serán etapas de esta peregrinación, tendrán lugar cada semana del año, con una semana especialmente dedicada a jóvenes adultos de 18 a 35 años, del 25 de agosto al 1 de septiembre. Será precedida por un fin de semana de amistad entre jóvenes cristianos y musulmanes, del 22 al 25 de agosto.

En otros lugares del mundo, varios encuentros marcarán el camino de esta peregrinación. Un grupo procedente del Líbano y de otros países de Oriente Medio está entre nosotros para invitarnos a estar más cerca de su realidad y para ofrecernos su hospitalidad. Del 22 al 26 de marzo, tendremos un encuentro de jóvenes en Beirut.

Después del verano, iremos más al sur, a África. Tenemos mucho que aprender escuchando lo que Sudáfrica ha atravesado en las últimas décadas y dónde está hoy. Sudáfrica está muy lejos de Europa, pero estáis todos invitados, del 25 al 29 de septiembre, a un encuentro de jóvenes en el extremo sur de África, en Ciudad del Cabo.

Y, a continuación, tendrá lugar el próximo encuentro europeo, del 28 de diciembre de 2019 al 1 de enero de 2020 en…

Sábado tarde, 29 de diciembre de 2018

Estos días, en Madrid, estamos juntos procedentes de tantos países diferentes. Y los que nos acogen son de diversas generaciones. Con todas estas personas que antes no conocíamos, vivimos la experiencia de una comunión. Y en ella encontramos una alegría.

Nuestra peregrinación de confianza es también una aventura interior. Y querría esta tarde llevar vuestra atención a este aspecto de nuestra reunión: la confianza en los demás, la confianza en nosotros mismos y la confianza en Dios son realidades íntimamente ligadas.

La confianza no es ni ciega, ni ingenua, ni soñadora, sabe discernir el bien y el mal. Es la certeza de que, en cualquier situación, incluso en las tinieblas, un camino de vida puede abrirse.

La confianza no es pasiva, es una fuerza que nos impulsa en toda situación a dar un paso más para vivir más plenamente y para ayudar a otros a vivir más plenamente. La confianza estimula la imaginación, da valor y entusiasmo para asumir riesgos.

Pero todos nosotros sabemos también lo que significa carecer de confianza. El cansancio, los fracasos, la amistad traicionada, la violencia, las catástrofes naturales, la enfermedad, todo esto erosiona la confianza. La confianza es vulnerable.

También nuestra confianza en Dios es frágil. En cierta medida, todos conocemos la duda: dudamos del amor de Dios, algunos incluso dudan de su existencia. ¿Dónde encontrar entonces la fuente de la confianza?

Para que la confianza nazca y renazca en nosotros, necesitamos a alguien que confíe en nosotros, alguien que nos acoja, que nos ofrezca su hospitalidad.

Acabamos de leer este impresionante relato de la vida de Jesús. Camina sobre el lago para ir junto a sus discípulos durante la tormenta. Este relato parece inverosímil a nuestros oídos modernos. Pero recordemos las palabras de Jesús: «No tengáis miedo, estoy aquí.» Y a Pedro, que quiere ir a su encuentro sobre las aguas, le dice: «Ven». Entonces, Pedro se lanza al agua. Mirando hacia Jesús consigue avanzar, pero en cuanto se deja hipnotizar por el peligro, se hunde.

Para los discípulos, Jesús no es solamente el maestro que les enseña. Los ha llamado para estar con él y los envía porque confía en ellos. Si también nosotros pudiéramos ver en Jesús a aquel que confía plenamente en nosotros…

Aunque fuéramos el mayor pecador del mundo, nos diría las mismas palabras que a sus discípulos: «No tengas miedo, estoy aquí.» A todos y cada uno de nosotros, nos dirige la misma llamada que a Pedro: «Ven», sal de tus pequeñas seguridades, atrévete a afrontar la realidad, a veces dura, del mundo.

De Teresa de Ávila, esta mujer excepcional del siglo XVI que aún hoy nos inspira, cantamos las palabras: «Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta.» Dijo también: «¡Aventuremos la vida!» Sí, la vida es bella para quien se lanza y toma decisiones valientes.

¿Cuáles son esas decisiones valientes? Cada uno de nosotros está llamado a responder, emprendiendo una peregrinación interior desde la duda y el miedo hacia la confianza. Para todos nosotros, se trata de acoger el amor de Cristo para convertirnos en artesanos de confianza y de paz, cerca y lejos de nosotros.

Viernes tarde, 28 de diciembre de 2018

¡Es una gran alegría comenzar esta tarde nuestro encuentro europeo en esta ciudad de Madrid! Para llegar hasta aquí, algunos de vosotros habéis hecho un viaje muy largo. La ciudad de Madrid, las comunidades cristianas, numerosas comunidades religiosas, muchas familias, e incluso personas que viven solas, nos acogen. Queremos expresarles ante todo nuestro profundo agradecimiento por esta generosidad.

La hospitalidad que se nos ofrece conmueve nuestros corazones. Cada año, desde hace más de cuarenta años, gracias a los encuentros de la peregrinación de confianza sobre la tierra, experimentamos cómo la hospitalidad es fuente de alegría.

«¡No olvidemos la hospitalidad!» – he aquí la invitación en la que queremos profundizar durante estos días y a lo largo del año que viene, en Taizé y en otros lugares. En el cuadernillo del encuentro, encontraréis cinco propuestas para 2019, que abren caminos para la reflexión y para la acción.

Este año vivimos una experiencia de hospitalidad excepcional. En el mes de agosto, dos mil jóvenes de toda Asia, y también de otros continentes, se reunieron para un encuentro en Hong Kong. Setecientos jóvenes pudieron venir desde China continental.

Algunos meses antes, descubrimos la misma hospitalidad en Lviv, en Ucrania. Jóvenes de todas las confesiones cristianas presentes en dicho país acogieron a jóvenes de otros lugares y se unieron en una oración compartida.

Eran signos de esperanza: signos de que las jóvenes generaciones pueden preparar para la humanidad un futuro marcado por la cooperación y no por la competición.

La hospitalidad nos acerca, más allá de las diferencias e incluso de las divisiones que existen, entre cristianos, entre religiones, entre creyentes y no creyentes, entre pueblos, entre opciones de vida u opiniones políticas. Por supuesto, la hospitalidad no borra estas divisiones, pero nos hace verlas bajo otra luz: nos hace capaces de escucha y de diálogo.

La hospitalidad es un valor fundamental para todo ser humano. Todos nosotros vinimos a la vida como bebés pequeños y frágiles que necesitaban ser acogidos para vivir, y esta experiencia fundamental nos marca hasta nuestro último aliento.

La motivación para elegir practicar la hospitalidad reside en la convicción de que nuestra propia vida es un don que hemos recibido. Y esta convicción se nutre de la fe. Acabamos de leer la primera página de la Biblia. Este gran relato poético, un poco misterioso, quiere hacernos comprender que todo lo que existe es un don. El cielo y la tierra, el océano, la oscuridad, la luz – todo proviene de Dios. Y en todo lo que existe, Dios está presente por su aliento, su Espíritu.

Sí, mi vida es un don que he recibido. Y también los demás son, en diferentes grados, un don para mí. Mi propia identidad se construye a través de mis relaciones con los demás. Por supuesto, el otro siempre sigue siendo diferente a mí, del otro nunca lo comprendo todo y, sin duda, tampoco puedo compartirlo todo con el otro.

Acogernos mutuamente supone entonces aceptar los límites, los míos y los de los demás. Acoger al otro va de la mano del discernimiento. Pero esto nunca puede convertirse en un pretexto para encerrarnos en nosotros mismos, cediendo al miedo al otro, ese miedo que está presente en todos nosotros.

Han sido algunas reflexiones sobre este hermoso tema de la hospitalidad. Mañana por la mañana, leeréis en pequeños grupos las dos primeras propuestas. Quieren ayudarnos a profundizar en la fe, en la confianza de que Dios siempre nos acoge primero, y de que Cristo está presente en nuestras vidas. Busquemos, busquemos a lo largo de todos estos días, y encontraremos.

Meditaciones

Oración de Navidad

Oración de Navidad25 Diciembre 2018

Para rezar en familia ante el Belén

(Lucas 2, 1520)

Introducción

En este día lleno de luz celebramos que se nos haya hecho presente Aquel que llena de alegría nuestro mundo, el recién nacido que rejuvenece nuestra humanidad, el Fruto que se inclina para saciar nuestra hambre, el Bueno que enriquece nuestra pobreza, el Médico que se acerca para curar nuestras dolencias, el Hijo de Dios que por su venida da la vida al mundo.

En ningún otro día del año se llenan tanto nuestros labios con la palabra “gloria”. Con San Efrén, del siglo IV, decimos:

Gloria al Silencioso que va a hablarnos por su voz.

Gloria a la Fuente que nos es enviada para nuestro perdón.

Gloria al Misericordioso que llevará nuestras cargas.

Gloria a su venida, quejo da la Vida a los seres humanos.

Gloria al que viene a nosotros por su Primogénito.

Gloria al Grande cuyo Hijjo desciende para hacerse pequeño.

Gloria al Oculto cuyo Hijo se ha hecho visible.

Gloria al Viviente cuyo Hijo se ha hecho mortal.

Salmo de alabanza (95)

Cantad al Señor un cántico nuevo, cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre.

Proclamad día tras día su victoria.

Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones.

Alégrese el cielo, goce la tierra retumbe el mar y cuanto lo llena;

vitoreen campos y cuanto hay en ellos.

Aclamen los árboles del bosque.

Delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra.

Gloria…

Lectura del profeta Isaías (52, 7-10)

¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: Tu Dios es Rey!

Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro, porque ven cara a cara al Señor, que vuelve a Sión.

Romped a cantar a coros, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo, rescata a Jerusalén: el Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria de nuestro Dios.

Del Evangelio de Lucas (2, 15-20)


Cuando los ángeles los dejaron, los pastores se decían unos a otros: Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor.

Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

Reflexión

En medio de nuestro vivir diario, a veces tan aburrido, apagado y triste, se nos invita a la alegría. No se trata de una alegría insulsa y superficial. La alegría de quienes están alegres sin saber por qué.

Tenemos motivos para el júbilo radiante, para la alegría plena y para la fiesta solemne: Dios se ha hecho hombre y ha venido a habitar entre nosotros. Hay una alegría que solo pueden disfrutar quienes se abren a la cercanía de Dios y se dejan atraer por su ternura.

Una alegría que nos libera de miedos, desconfianzas e inhibiciones ante Dios. ¿Cómo temer a un Dios que se nos acerca como un niño? ¿Cómo rehuir a quien se nos ofrece como un pequeño frágil e indefenso? Dios no ha venido armado de poder para imponerse a los hombres. Se nos ha acercado en la ternura de un niño a quien podemos acoger o rechazar.

Dios no puede ser ya el Ser omnipotente y poderoso que nosotros sospechamos, encerrado en la seriedad y el misterio de un mundo inaccesible. Dios es este niño entregado cariñosamente a la humanidad, este pequeño que busca nuestra mirada para alegrarnos con su sonrisa.

Peticiones

  • Que tu Iglesia celebre y viva el misterio de la Navidad. Oremos.

  • Que todos los que sufren: pobres, enfermos, rechazados, inmigrantes, refugiados, encuentren en nosotros signos de tu misericordia.

  • Que a los no creyentes les llegue la luz de la estrella de la Navidad.

  • Por los responsables de los pueblos, que sus decisiones se inspiren en la justicia y la solidaridad.

  • Por la Paz en la Tierra. Que se ponga fin a las guerras. Que todos los conflictos internacionales se resuelvan mediante el diálogo y la justicia.

  • Por cuantos se dedican al servicio de los demás, que lo hagan con generosidad y alegría.

  • Que la felicidad que tanto nos deseamos alcance a todas las familias y puedan celebrar gozosamente el nacimiento de Jesús.

Oración del Padre Nuestro

Oración de Navidad

Jesús, hijo de María, Hijo de Dios.

La Luz de Navidad me ha llegado como llegó a los pastores y a los magos de Oriente.

En Belén, en tu carne tan débil, está todo el amor de Dios.

En tu carne está aquel amor, aquella ternura, aquella esperanza confiada que solo Dios es capaz de dar.

Mirándote acostado en el pesebre, acompañado del amor de María y José,

quiero poner en tus manos mis ilusiones y mis temores.

Y quiero poner en tus manos el mundo entero:

a quienes más quiero, a quienes no conozco,

a los de cerca y a los de lejos; y, sobre todo, a los que sufren.

Jesús, Hijo de Dios, ilumínanos con la claridad de tu amor,

ilumina al mundo entero con la claridad de tu amor. Amén