Viernes Santo

Oración ante la cruz

Sylvan de Taizé

AUDIO

quia per crucem tuam redemisti mundum,

quia per crucem tuam redemisti mundum.

(Te adoramos, oh Cristo, te bendecimos,

pues por tu cruz salvaste al mundo)

Monición

Cuando nuestra mirada se detiene sobre el rostro de Jesús en la cruz nos gustaría decirle:

“Salvador de todos los seres humanos, tu vida ha conocido el fracaso. Soportando pruebas y sufrimientos, Tú no amenazas a nadie. Seguirte puede suponer coger nuestra propia cruz. Y Tú la llevas con nosotros”.

Lectura del profeta Isaías

Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero.

Sobre él he puesto mi espíritu, para que promueva el derecho en las naciones.


No gritará, no clamará, no voceará por las calles.

La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará.

Promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará,

hasta implantar el derecho en la tierra, y su ley que esperan las islas.


Así dice el Señor Dios, que creó y desplegó el cielo,

afianzó la tierra con su vegetación,

dio el respiro al pueblo que la habita y el aliento a los que se mueven en ella.


Yo, el Señor, te he llamado para la justicia,

te he tomado de la mano,

te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones.


Para que abras los ojos de los ciegos,

saques a los cautivos de la prisión y de la cárcel a los que viven en tinieblas.

Is. 42, 1 – 7

Salmo 26

Christe Jesu lumen cordium, laudabo te

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne,

ellos, enemigos y adversarios, tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla;

si me declaran la guerra, me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:

habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda el día del peligro;

me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca;

en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: cantaré y tocaré para el Señor.

Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad de mí, Señor, no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio;

no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,

porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre…

Christe Jesu lumen cordium, laudabo te

Primera palabra

Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

Segunda palabra

Uno de los malhechores colgados le insultaba: “¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!”. Pero el otro le respondió diciendo: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho”. Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino”. Jesús le dijo: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43).

Tercera palabra

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y, junto a ella, al discípulo a quien amaba, dice a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego dice al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. “Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa” (Jn 19, 26-27).

Cuarta palabra

Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: “¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?”, esto es: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”. Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: “A Elías llama este”. Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber. Pero los otros dijeron: “Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle” (Mt 27, 46-49; Mc 15, 34-37).

Quinta palabra

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: “Tengo sed” (Jn 19, 28).

Sexta Palabra

Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: “Todo esta cumplido” (Jn 19, 30).

Séptima palabra

Jesús, dando un fuerte grito, dijo “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y dicho esto, expiró (Lc 23, 46).

Padrenuestro

Oración

Nuestros ojos contemplan a Jesús en la cruz,

nuestra mirada se detiene en su rostro,

y sus palabras resuenan en nuestros corazones:

“Padre, perdónales… no saben lo que hacen”.

Desde ese día, para todos nosotros,

su perdón refleja la bondad de Dios Padre,

comprendemos que Cristo deja a cada uno la libertad
para elegirle o rechazarle. Él no obliga a nadie.

Sencillamente se mantiene a la puerta de todo corazón y llama:

“¿me amas?, ¿permanecerás conmigo para velar y rezar por
los que, en este día, conocen sobre la tierra el abandono,

los que sufren el odio y la violencia?

Silencio y Adoración de la Cruz

  • Podemos depositar en Jesús Crucificado todos nuestros pesos, todo lo que nos agobia y preocupa.
  • Jesús, puesto en la cruz, carga con nuestras desfiguraciones para volverlas un signo de nueva esperanza.

Cantos

(A tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu)

Laudamus et glorificamus. Resurrectionem tuam laudamus Domine.

(Adoramos tu cruz, Señor, alabamos tu resurrección, Señor.)